Adolfo Monje (segundo por la izquierda) posa con sus padres y el presidente de la barriada, Francisco Jiménez Araya.

Adolfo Monje gustó con su pregón a sus exconvecinos de la barriada 'Las Peñitas'

"Como profesor, siempre he considerado que el colegio junto a la familia conforman los dos pilares fundamentales sobre los que se asienta la educación de un niño", afirmó el pregonero

Antonio Ortiz

Sábado, 15 de julio 2017, 13:08

Las Fiestas de las Peñitas comenzaron oficialmente anoche con la cena del socio y el pregón a cargo del profesor Adolfo Monje. Fue el suyo ... un pregón ajustado, muy ceñido a los recuerdos de su infancia y adolescencia. "Dentro de las diferentes etapas que conforman la vida la más importante es la infancia y la adolescencia, ya que en ella se moldea a la persona como el alfarero lo hace con el barro. Es la etapa de los grandes descubrimientos, de los primeros recuerdos, aquella en la que se sellan las amistades más duraderas y en la que las emociones son más profundas.", señaló Monje.

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En esos recuerdos aparece la imagen de su abuelo, el maestro Adolfo, "carpintero de los que ya pocos quedan". De él, además del nombre, dice que heredó la pose seria y el ser un poco cascarrabias. Pero lo que más destacaba de él era su gran corazón y su pasión por el trabajo al que estuvo dedicado hasta los 80 años. Por otro lado, está mi abuela Matilde, que con total seguridad creo que es la mujer más buena que he conocido".

El pregonero considera que "nada se veía a través de una pantalla para poder divertirnos, los pantalones se remendaban con parches, el fin del mundo era "el Pasí la Venta", podías ir con unos cuantos duros a comprar chucherías an ca el Tapón y los días se acababan con la voz de tu madre que te llamaba para cenar.

El pregonero reconoció que "mientras mi familia ha sabido inculcarme como nadie cosas tan importantes como la generosidad y el sacrificio, el Colegio San José me transmitió valores tan esenciales como la disciplina, el esfuerzo y la búsqueda de la excelencia". Monje asegura que "aquellos años fueron los del despertar de la inocencia, los de los míticos bailes en navidades, los de las interminables noches en la Rana, los de los Domingo de Resurrección en el campo, los largos veranos en la piscina y los piques enfermizos en el futbolín de los recreativos. No hacía falta WhatsApp para quedar".

Finalizó su pregón con un homenaje a sus padres, con unas palabras que llegaron al fondo de los corazones de los asistentes "Mis padres son un gran ejemplo para mí y nunca podré agradecerles todas las cosas que han hecho para que hoy pueda estar aquí. Son gente del Barrio con mayúsculas. ¿Quién no conoce a Fernanda e Ignacio? Personas serviciales como nadie, son gente queridas y apreciadas por su manera de ser, simplemente por lo que son", exclamó Adolfo .Por eso, en representación de todos esos padres luchadores y comprometidos que no dudaron en sacrificarse por sus jijos, el pregonero invitó a sus padres a que subieran al escenario "porque para ellos va dedicado especialmente este pregón", dijo emocionado, antes de añadir: "En nombre de todos los de mi generación: ¡Gracias por todo lo que nos habéis dado! Sois la auténtica esencia de este Barrio".

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