Una prensa copiadora de cartas y telegramas de 1928, pieza del mes en el Museo de Villafranca

Ha sido cedida por la familia Pinilla Montero y procede de Guadalcanal (Sevilla)

CULTURA

    Se trata de una pieza de hierro fundido y madera procedente de la colección Pinilla-Montero, que la ha cedido al MUVI y cuyo popietario original es Fernando Hérnández Luego, que la rescató en 1928 de una vieja oficina de Banesto de Guadalcanal (Sevilla).

    Según disponía el Código Mercantil de 1829, las empresas debían tener, entre sus libros oficiales de contabilidad con un Copiador de Cartas y Telegramas, en el cual se debían calcarse en sus páginas, legalmente selladas y numeradas, todo este tipo de correspondencia de forma cronológica, no pudiendo utilizarse las hojas intermedias que, por error, hubiesen quedado en blanco.

    Al final de cada jornada laboral los ordenanzas o subalternos colocaban sobre las páginas del libro que correspondiesen las copias de tales escritos, de finísimo papel cebolla, escritas a máquina mediante papel carbón. Tras ello, se cubrían con un fino paño blanco ligeramente humedecido, se cerraba el libro, se introducía en la prensa y se le sometía a la máxima presión posible hasta el siguiente día en que, a primera hora, se aflojaba el torniquete, se sacaba el libro, se retiraban las copias y se comprobaba si el texto había quedado perfectamente estampado en su página correspondiente; para proceder a un nuevo proceso de copiado, al finalizar esa jornada. No siempre el resultado era el más óptimo, pues la dificultad de manejo de la prensa y si esfuerzo requerido en el proceso no era el adecuado, producía emborronamientos, dificultando la lectura de algunos documentos.

    Hasta 1973 no se exoneró a las empresas de la llevanza del Libro Copiador de Cartas y Telegramas; por lo que desde entonces las prensas como estas fueron relegadas de sus funciones, pasando a ser piezas curiosas de la arqueología industrial y comercial.

    Como curiosidad, decir que durante la Guerra Civil, el Banco Español de Crédito en Guadalcanal se desalojó y permaneció cerrado durante algo más de un año. En su interior tan solo quedó esta prensa y la caja fuerte con una peseta en su interior, para que sirviera como asiento contable inicial al reanudarse las operaciones bancarias.